18 feb 2026

La solución de Cuba no puede venir con condicionamientos extranjeros

Una nueva tormenta está sobre la geografía económica y anímica de Cuba y es que el anuncio de medidas restrictivas en el uso de combustibles, ante otra escasez, ha vuelto a encender las alarmas en un pueblo que, hay que decirlo, conoce sobre la gestión de contingencias. 

La memoria colectiva viaja rápido a otros momentos donde el transporte se limitó, donde se priorizaron los sectores vitales.

 Pero, ¿es esta una crisis más, o estamos ante un capítulo con tintes de agresión de una potencia extranjera?

La situación de base es, sin duda, más compleja, no partimos de cero, sino de una población que acumula años de estrés continuo, agobiada por la escasez de recursos vitales, una inflación galopante y la sensación de que el tornillo de banco del bloqueo económico, una realidad permanente para el ciudadano de a pie, no deja de apretar.

Y a este cuadro interno, se suma un factor externo que añade una capa de incertidumbre geopolítica, por la reciente y directa declaración del gobierno de Estados Unidos señalando a Cuba como una preocupación para su seguridad nacional. 

Para muchos, esta retórica suena desproporcionada, casi como el miedo de un elefante a un ratoncito, sin embargo, en el juego de las naciones, esas palabras no son inofensivas pues, se traducen en mayor presión, en justificación para políticas más duras, y en un cerco que puede hacerse aún más hermético.

Esta diversidad de factores desata, inevitablemente, una psicología de emergencia, pues corre el rumor de que hay que comprar lo que se pueda, porque que todo va a faltar. 

Es algo que hemos escuchado antes, un ciclo de preocupación y acaparamiento que luego fluctúa, pero que erosiona la confianza y agota el espíritu en muchos casos.

Frente a ello, el llamado es a la calma, y a la fe en que siempre que llueve, escampa. ¿y mientras que hacemos?

Ahí es donde el análisis debe ir más allá de la coyuntura, porque una verdad meridiana, es que Cuba es un país netamente agrícola, con tierras cultivables en abundancia, pero su producción no satisface la demanda, porque persiste una mentalidad, heredada de tiempos mejores, de país rico que espera que los bienes caigan del cielo o lleguen por barco, mientras se desentiende del surco y la cosecha.

El desarrollo de las fuerzas productivas dista mucho de su potencial, tenemos capacidades instaladas subutilizadas, en entidades de producción, que contrastan con incontables investigaciones que duermen bajo el polvo en nuestras universidades en lugar de generalizarse en los campos e industrias.

Cada cierto tiempo, el llamado urgente a producir alimentos revela esta desconexión entre el conocimiento, los recursos y los resultados.

Y esto nos lleva a otro punto neurálgico, sobre la responsabilidad y la organización, pues Cuba es, quizás, uno de los países con más organizaciones de masas y sociales del mundo. 

Sin embargo, existe una percepción generalizada de que esta estructura no se traduce en eficiencia, sino que, por el contrario, a veces parece alimentar la desorganización y la inercia en medio de esta crisis que requiere de madurez y accionar.

Esta nueva etapa, tan dura como parece, nos coloca frente a una encrucijada, y puede ser el caldo de cultivo para la indiferencia, el abuso y el oportunismo, o puede convertirse, y esta es la apuesta que vale la pena, en una oportunidad para crear, y aportar desde la diversidad.

Una oportunidad para que, más allá de religiones, afiliaciones o militancias, prolifere el gesto concreto, el que comparte un viaje, el que innova en su patio, o el que exige transparencia pero también pone el hombro. 

Todos somos responsables, como cubanos, unos enfrentarán la tormenta con más recursos que otros, pero a todos nos toca navegarla.

No es la primera vez que Cuba se enfrenta a un desafío de ésta índole, la historia está llena de esos episodios, y la salida, no puede venir con condicionamientos extranjeros. 

Tiene que ser una salida hecha en Cuba, con manos e ingenio cubano y, sobre todo, con una unidad de acción que trascienda el discurso y se materialice en hechos.

El camino no será fácil, pero la esperanza no es un acto de fe ciega, sino la convicción de que en la capacidad de resistencia y creación de este pueblo reside la clave. 

"Cuba, al salvarse, salva", cómo dijo nuestro Apóstol José Martí, salva su soberanía, su dignidad y la posibilidad de un futuro construido desde sus propias raíces y Ahora, más que nunca, lo que nos toca es hacer más y hablar menos.

#Cuba #Bloqueo #EstadosUnidos
#Solidaridad #Agricultuta #Geopolitica


No hay comentarios:

Publicar un comentario