22 feb 2026

No llegan las oportunidades para un acueducto en crisis



En la segunda ciudad más importante de la provincia de Granma, las tuberías vacías se han convertido en el sonido de fondo de la cotidianidad.

Y es que en Manzanillo, se vive una paradoja difícil de asimilar pues con suficiente agua para extraer su población padece una crítica carencia del vital líquido. 

El abastecimiento por la red hidráulica no funciona desde hace muchos meses que puede pasar de 12 en varios barrios, y lo que debía ser un servicio básico se ha transformado en una odisea diaria para miles de familias.

No descubrimos nada nuevo al señalar que #Cuba atraviesa tiempos complejos, marcados por carencias materiales y un contexto de guerra económica que asfixia. 

Sin embargo, el caso del acueducto manzanillero merece un punto y aparte, porque no se trata de una avería coyuntural de tres días; es un declive prolongado que data de tiempo y que añade una cuota adicional al esfuerzo titánico que ya realiza este pueblo para mantenerse día a día. 

Es imperativo abordarlo no desde la queja estéril, sino para convocar al esfuerzo colectivo y sumar a los entendidos en la materia, porque si algo necesita Manzanillo es un punto de inflexión hídrico, incluso por encima de la compleja situación electroenergética que vivimos.

Caminar por cualquier barrio de esta ciudad es presenciar una triste realidad con el ir y venir de niños, mujeres, hombres y ancianos con cubos, pomos y carretillas que se ha normalizado. 

Y también vemos el desgaste físico y emocional de quienes, después de buscar agua, aún deben enfrentar el resto de sus responsabilidades. 

La pregunta es inevitable: ¿Cómo puede un trabajador rendir al máximo en su centro laboral si su mente y su cuerpo están agotados por la incertidumbre de no saber si al llegar a casa podrá siquiera beber o cocinar?

La necesidad, como suele ocurrir, ha parido soluciones a la fuerza, y ha potenciado a los vendedores de agua, un negocio que impone precios a quienes, por su condición física, la distancia o la falta de tiempo, no pueden buscarla.

Es un negocio tan lucrativo como triste, porque convierte un derecho humano en una mercancía que excluye a los más #vulnerables.

Pero también, y hay que decirlo con justicia, ha emergido la solidaridad y la inventiva popular, porque en varios barrios, los constructores de pozos se han convertido en los nuevos alquimistas de la ciudad aunque con precios exclusivos.

Por otra parte hombres que, con ingenio y esfuerzo, han recuperado pozos para extraer el preciado líquido, y a su alrededor, una red de mangueras que se extienden por múltiples cuadras, alimentadas por turbinas o bombas sumergibles particulares, teje un acueducto alternativo y vecinal. 

Es el mapa de la resistencia, donde miles de manzanilleros enfrentan el presente sin agua, ayudándose entre sí, demostrando que la comunidad es el último recurso cuando no hay solución institucional.

Mientras tanto, la falta de corriente eléctrica impone retos mayores al Acueducto municipal, pues sus instalaciones, que requieren energía para impulsar el agua, se enfrentan a un enemigo invisible como los extensos apagones.

Es por ello que la infraestructura debe reinventarse para ser funcional en un escenario de crisis. Quizás, y esto sea una reflexión necesaria, haya llegado la hora de pensar en soluciones no convencionales. 

¿Por qué no impulsar, con el apoyo del gobierno local, una suerte de cooperativa de agua integrada por esos mismos manzanilleros que ya han demostrado saber gestionar el recurso? 

Las crisis generan oportunidades, y en Manzanillo, el conocimiento popular ha confirmado que, cuando hay voluntad, el #agua termina por brotar.

No se trata de minimizar los esfuerzos políticos y gubernamentales que puedan existir, pero estos no han tenido un reflejo alentador en la población. 

La realidad es dura, mientras el agua no corra por las tuberías, la vida en #Manzanillo seguirá siendo una carrera de fondo. Una carrera en la que, hoy por hoy, ganan la sed y el agotamiento. 

Y eso, en la tierra del Son, es una melodía que nadie quiere seguir escuchando.

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