Un patrimonio público no se pierde solo con el paso del tiempo, se pierde, a veces, a martillazos, con una bisagra arrancada, o el crujido de una teja robada.
Se pierde en silencio, a plena luz del día, mientras una comunidad observa, impotente, cómo se esfuman pedazos de su memoria y de su utilidad cotidiana.
En #Manzanillo, esa pérdida ya tiene nombre y apellidos, por ejemplo el #SalónRojo, un espacio que supo albergar arte y celebración, hoy es un fantasma, camino que ya tomó también el Complejo Recreativo #CostaAzul, otrora referencia de ocio, hoy muestra una imagen deplorable, y ya inservible.
Pero la lista es larga y dolorosa, también están por solo mencionar algunas, El Golfito, el expreso del ferrocarril, el segundo piso de la terminal municipal de ómnibus, parques infantiles, y varias carnicerías, instalaciones que un día funcionaron y que, de un momento a otro, fueron presa de un #canibalismo urbano inexplicable.
No es solo el desgaste, es la acción concertada, el robo sistemático de techos, puertas, ventanas, rejas, muebles y cercas perimetrales, todo lo que puede ser arrancado y llevado, desaparece.
Lo que queda son esqueletos de cemento, ruinas que manchan el rostro de una ciudad que los ciudadanos aún intentan querer.
Y ante este saqueo lento, surgen preguntas incómodas, y urgentes: ¿Dónde estaban, y dónde están, los mecanismos de control?
¿La responsabilidad material de quienes debían custodiar?
¿La voz de las organizaciones políticas y sindicales de esos centros?
Y es que pareciera que el sentido de lo colectivo, tan invocado en los discursos, parece haberse evaporado frente a la impunidad del desguace.
Mientras, una paradoja cruel se hace evidente, y es que en una época de enormes dificultades económicas, donde cada recurso es vital, se permite la desaparición de infraestructuras que podrían tener una segunda vida.
Justo ahora, cuando un creciente sector de emprendedores privados busca desesperadamente espacios para ofrecer bienes y servicios, esos locales subutilizados podrían latir de nuevo.
Podrían generar empleos, actividad, y solución, por ejemplo aún dormidas en el tiempo están El 'Pan Con', algunas unidades de #Cimex, El Jardín y centros gastronómicas estos últimos bajo un demostrado inoperante funcionamiento, que aún son salvables.
Pero parecen condenadas a la misma lista de espera, la que lleva a la desaparición total.
Hay aquí algo más profundo que el vandalismo oportunista, hay una falla organizacional en la protección de lo que es de todos.
Una incapacidad para adaptar, para darle uso inteligente y ágil a lo que ya existe.
Se exige cuidar lo poco que queda, y con razón, pero al mismo tiempo se burocratiza o se ignora el potencial de lo que está, literalmente, cayéndose a pedazos.
La solución no puede ser solo un llamado a la conciencia, debe ser una combinación de voluntad política, gestión audaz y #participación ciudadana.
Urge un inventario real, una estrategia que permita ceder, alquilar o repensar esos espacios de manera transparente, priorizando el beneficio colectivo sobre la rigidez institucional.
Poner todo en función del #pueblo, como bien se dice, pero con acciones concretas, y sin esquemas retrógrados.
De lo contrario, el ritmo de la destrucción ganará la partida, y #Manzanillo, ciudad heroica y hermosa, seguirá desvaneciendo, no por el paso de los años, sino por la indiferencia del presente.
Cada techo robado, y cada puerta arrancada, es un pedazo menos de futuro, y ese es un lujo que, definitivamente, ningún cubano puede permitirse.
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